Luchar por una mejor calidad de vida es invertir en oportunidades para los jóvenes de Sincelejo.
MANUEL MEDRANO BARRAGÁN.
Aún recuerdo aquella vez que tuve la oportunidad de hablar con un candidato a la Alcaldía de Sincelejo. Me invitó a un almuerzo para conocer mi opinión sobre su programa de gobierno.
Después de cumplir con la cita, al despedirnos, le dije que tenía una sugerencia importante. Me pidió que se la enviara por correo electrónico.
Le insistí en que era un proyecto viable y necesario para Sincelejo, una ciudad donde, lamentablemente, muchos alcaldes no han dejado una obra verdaderamente representativa.
La capital de Sucre parece congelada en el tiempo. No se percibe un legado claro de las administraciones anteriores.
Él tenía en sus manos la oportunidad de cambiar esa historia y de trabajar por lo más importante: luchar por una mejor calidad de vida del capital humano.
Como periodista que observa, analiza y estudia lo que sucede en otros municipios del país, le propuse algo sencillo pero transformador: ¿por qué no hacer que los jóvenes sean protagonistas en la construcción de su propio desarrollo?
Le sugerí que visitara los barrios más pobres de Sincelejo, pero no con discursos vacíos ni promesas repetidas.
Que llegara con hechos. Que llevara carros cargados de balones, bates y mallas. Que impulsara la construcción y recuperación de canchas deportivas.
Que, de manera articulada con la Gobernación, gestionara una sede de la Escuela de Bellas Artes. Que sembrara oportunidades donde hoy muchos solo ven carencias.
En esos barrios, los padres hacen enormes sacrificios para educar a sus hijos. Sin embargo, un alto porcentaje no logra ingresar a la universidad. Y cuando las oportunidades escasean, el riesgo de que el vicio y la droga seduzcan a los jóvenes aumenta. Por eso el deporte y las artes no son un lujo: son una herramienta de transformación social.
Con buenos entrenadores, profesores comprometidos, charlas formativas y acompañamiento constante, los jóvenes empezarían a pensar en grande. Empezarían a descubrir que sí es posible soñar más allá de las limitaciones económicas.
Los mejores deportistas suelen surgir de los barrios humildes. Ahí están los ejemplos de Kid Pambelé y Bernardo Caraballo en el boxeo. En el fútbol, grandes figuras tampoco provienen de la aristocracia.
Los barrios populares han sido históricamente la cantera de grandes talentos. Lo que necesitan no es caridad, sino orientación, disciplina y oportunidades para no desviarse hacia caminos equivocados.
También podemos mencionar a Edgar Rentería, orgullo del deporte colombiano; al cantautor Manuel Medrano, que ha llevado su música a escenarios internacionales; a Shakira, quien desde joven convirtió su talento en un proyecto de vida; y en el vallenato a Silvestre Dangond, nacido en un entorno humilde, que gracias a su perseverancia logró posicionarse como una de las grandes figuras del género y proyectar su origen al país y al mundo.
Sin dejar de reconocer la importancia de las universidades —que forman profesionales y amplían horizontes— también es necesario fomentar el emprendimiento, la creatividad y el descubrimiento del talento propio.
Ahí están Radamel Falcao, James Rodríguez y Luis Díaz. Ninguno nació en cuna de oro. Todos pusieron una cuota enorme de sacrificio físico y mental. Todos demostraron que el origen no determina el destino.
Conocí también la historia de un muchacho nacido en Tolú, en una familia muy pobre. Vendía frituras en las calles y pasaba hambre, pero tenía aspiraciones más altas. Persistió, estudió y hoy es médico internista y un prestigioso cardiólogo. Esa es la prueba de que la determinación, acompañada de oportunidades, transforma vidas.
Todos nacimos con dones y talentos. El verdadero drama es que muchas veces nos vamos de este mundo sin descubrirlos, o peor aún, sin que nadie nos haya ayudado a desarrollarlos.
Por eso insisto: luchar por una mejor calidad de vida no es solo construir obras de cemento. Es construir oportunidades. Es invertir en la juventud. Es sembrar deporte, arte, educación y disciplina en los barrios donde más se necesita.
Porque cuando un joven encuentra su talento, no solo cambia su vida: cambia la historia de su familia y, poco a poco, la de toda una ciudad.
