La elección presidencial 2026 definirá el rumbo de Colombia en un contexto de exigencia ciudadana.
MANUEL MEDRANO BARRAGÁN
Cada día es más difícil ejercer el periodismo en este país por múltiples razones. Una de ellas recae en los mismos periodistas que egresan de las universidades desorientados, en busca de un puesto, y terminan aceptando la primera oferta que aparece. Se entiende la necesidad de producir ingresos, pero no a costa de la ética ni del profesionalismo.
Esto quedó en evidencia cuando la izquierda llegó al poder, sorprendiendo a una derecha y a una élite que se creían dueñas del país. Gran parte del periodismo tomó partido por los derrotados y emprendió una oposición constante al nuevo gobierno. Cadenas como Caracol y RCN iniciaron una crítica permanente contra el presidente Gustavo Petro, como si su propósito fuera impedirle gobernar.
Hoy, cuando este gobierno está por terminar, con sus logros y desaciertos, aún hay periodistas que no han entendido su rol. El caso de Néstor Morales en Mañanas Blu es un ejemplo: más que informar, parece insistir en señalar y direccionar la opinión, al punto de caer en errores que afectan la credibilidad del oficio.
Por eso es indispensable que el pueblo, sin fanatismos, esté atento a los políticos y a sus funcionarios, más aún ahora que estamos ad portas de elegir un nuevo presidente o presidenta en la elección presidencial 2026.
El pasado no perdona, y así debería ser en la política. Algunos ya gobernaron y pretenden regresar sin haber cumplido sus compromisos. Lo más preocupante es que la gente sigue votando por pasión o amiguismo, sin analizar si los candidatos tienen propuestas serias para sacar adelante al país.
Si queremos repetir el modelo que dejó Álvaro Uribe Vélez, quien gobernó dos periodos y mantuvo su influencia durante los gobiernos de Juan Manuel Santos e Iván Duque, entonces debemos ser conscientes de que los resultados ya los conocemos. Hoy incluso se intenta proyectar nuevas figuras dentro de ese mismo sector político, como si el país no necesitara un rumbo distinto.
Colombia merece un presidente con una visión clara de cambio real.
Han pasado gobiernos por el Palacio de Nariño y el país sigue enfrentando los mismos problemas: una Costa Pacífica sin oportunidades, pobreza extrema en distintas regiones y una economía que depende de importar productos que perfectamente podríamos producir, como el arroz o el bocachico.
Este sistema solo cambiará si los ciudadanos nos volvemos más exigentes con la clase política, que durante décadas se ha comportado como dueña del país.
El escritor Francisco Rubiales, en su obra Políticos, los nuevos amos, plantea la necesidad de una rebeldía ciudadana frente a una democracia limitada a votar cada cuatro años por candidatos previamente seleccionados por los partidos.
Ese no puede seguir siendo el único papel del ciudadano. Debe surgir una sociedad activa, informada y crítica, capaz de hacer respetar sus derechos y de exigir una verdadera capacitación política.
Lamentablemente, todo indica que en estas elecciones presidenciales 2026 podría repetirse la historia.
