Korraleja.coKorraleja.co
  • Inicio
  • Quiénes Sómos
  • Noticias
  • Radio en vivo
  • Contactos
Reading: MAURICIO PASTRANA: Cuatro reinados sin pan (III)
Share
Notification Show More
Font ResizerAa
Font ResizerAa
Korraleja.coKorraleja.co
  • Inicio
  • Quiénes Sómos
  • Noticias
  • Radio en vivo
  • Contactos
Search
  • Inicio
  • Quiénes Sómos
  • Noticias
  • Radio en vivo
  • Contactos
Have an existing account? Sign In
Follow US
  • Advertise
  • Advertise
© 2026 Korraleja.co - Todos los derechos reservados
Korraleja.co > Blog > Colombia > MAURICIO PASTRANA: Cuatro reinados sin pan (III)
ColombiaDeportes

MAURICIO PASTRANA: Cuatro reinados sin pan (III)

Ángel Miguel Pérez Martínez
By Ángel Miguel Pérez Martínez Published agosto 31, 2025
Share
SHARE
https://www.korraleja.co/2015/wp-content/uploads/2025/08/mauricio-pastrana-trailer-3.mp4

Tráiler del Último Capítulo de la crónica escrita (haga clic 👆🏼)

ÚLTIMO CAPÍTULO

Después de la gloria y la caída, descubro que la pelea más dura nunca fue en el ring.

Una cuarta corona brilla sobre mi cabeza. Su peso me hunde. En el ring soy un guerrero sin fisuras. Fuera de él, la pelea es otra.

Colombia me recibe con aplausos; la fama, con sus trampas. Todos me miran como un hombre lleno de billetes. Pero mis bolsillos están vacíos. Lo mío sigue siendo solo brillo… y ruido.

En esta pelea por el título mundial de la IBO vuelve a repetirse. Yo pongo los golpes. Otro se lleva la fortuna. A mí me dejan las migajas.

La gloria me embriaga. Entre botellas, amigos aparecen de repente. Las noches se llevan mis pocas monedas. El vértigo de la caída no me asusta.

La madre de mis tres hijos, la mujer que me ha esperado con paciencia, Maludys, empieza a escuchar «rumores». No. Verdades. Verdades hirientes que la empujan lejos de mí.

Dolida, ella acude a la justicia. Me señala como un padre que no responde. Exige una cuota de alimentos que no puedo pagar.

Michael, Danny y Pamela merecen más que mis promesas vacías ante el juez. En el ring no retrocedo y en la vida, sí.

Entre peleas de gallos, parrandas y mujeres, el saldo se agota. Se acaba lo poco que Iván me dio, otra vez «prestado».

Dice que ya me gasté todo. Para demostrármelo, me lanza sobre la mesa un fajo de papeles llenos de números y letras. No sé qué dicen. Solo sé firmar. Un garabato.

El Juzgado de Familia de Sincelejo me prohíbe salir del país y mi carrera está en los Estados Unidos. No tengo salida. Ni siquiera puedo respirar. Solo tengo una opción: otra vez, huir.

Intento escapar del niño que vende pan en la calle. No lo logro. Vuelve a ser golpeado. Las cuentas nunca le dan. Me siguen engañando. Quisiera saber contar, sumar y restar.

Mi instinto me guía. Cruzo la frontera por tierra hasta Venezuela y consigo un vuelo a Miami, sin regreso. Despego sin mirar atrás.

Sin gimnasio fijo ni entrenador, las semanas pasan. Solo me acompañan mis puños y las ganas de enfrentar esta nueva etapa de mi vida.

Iván contacta al mánager cubano Luis De Cuba. De Cuba le habla sobre el campo de entrenamiento que tiene Nelson López, a las afueras de Miami.

Empiezo a entrenar con López. Iván desaparece . Ni me envía dinero, ni siquiera para comer. Me hundo en la depresión. La idea de quitarme la vida ronda mi cabeza.

—Nelson, no sé qué voy a hacer. Este hombre me tiene como un esclavo —le confieso, con las lágrimas rodando por mis mejillas.

—No te preocupes. Esta semana compraré tu contrato —responde, conmovido. Está dispuesto a liberarme del acuerdo con Iván, aunque aún falta un año para que se venza.

Luis De Cuba intenta detener a Nelson. «Estas a punto de cometer una locura», le dice. Nelson cumple su palabra y me lleva a su hogar. Me trata como a un hijo más.

Además de mi entrenador, ahora también es mi apoderado. No pierde el tiempo: me ha conseguido una pelea. Me enfrento a Darryl Pinckney. Lo venzo. Derroto a Abloh Sowah y mi récord sube a 23 victorias.

Mauricio Pastrana con "Don King" y su apoderado y entrenador, Nelson López.
Mauricio con «Don King» y su apoderado y entrenador, Nelson López.//Cortesía.

No hay tiempo para celebrar. La agenda aprieta. Es 16 de febrero de 2000, suena la campana. Voy por el título vacante del peso Gallo de la IBA contra Jorge Lacierva.

El combate avanza: exhibo mi agilidad para esquivar golpes y contragolpear. Él también hace lo suyo.

Nadie cae, no hay nocaut. Terminan diez asaltos de guerra pura. Todo queda en manos de los jueces. Escucho el veredicto: favorecen al mexicano.

No lo creo. No lo acepto. Pero el fallo es innegable: he perdido. Mi invicto se ha ido. Mi orgullo queda herido. La derrota pesa más que cualquier golpe recibido.

Duele. No hay tiempo para lamentos. Estados Unidos me da otra oportunidad mundialista. Peleo contra Félix Machado por el título supermosca de la FIB. Es el asalto doce; caigo en Cincinnati.

Como un ave fénix, me levanto. Vuelvo a las victorias. Derroto a Gerson Guerrero, Antonio Oliveros, Isidro García y Evaristo Primero. Ahora, estoy frente a Mike Trejo.

Me planto en el centro del ring. Lo mido. Le dejo claro que este es mi territorio. Un derechazo sólido lo sacude en el primer asalto. Su mirada me dice que sintió mi pegada.

Es el segundo, trabajo abajo. Lo obligo a bajar la guardia y lo remato arriba. Trejo está en la lona. Trata de levantarse, sus piernas no responden.

El árbitro cuenta. Se reincorpora. Lo vuelvo a castigar. Su esquina no espera más y tira la toalla. Se acabó. Una vez más, un título se vuelve mío.

MALUDYS ME NOQUEA

Tres fotos llegan. Me toman con la guardia abajo. Vienen de manos de Maludys. Son un golpe directo al alma.

Mis hijos me miran desde el papel. Sus ojos reclaman lo que nunca supe darles: presencia. Y algo más.

Con el alma golpeada, me intento enfocar en lo que mejor sé hacer: sobrevivir en el ring. Mientras, un deseo de regresar a Colombia me consume.

El aire de Miami se convierte en nostalgia, me asfixia. Pienso en volver a casa, reconstruir lo que tantas veces destruí, recuperar mi familia. ¿Todavía tengo el descaro de soñar con eso? Me pregunto.

Necesito buenas peleas para volver. Primero, dinero suficiente para saldar una deuda de 30 mil dólares, lo que Iván Feris me exigió para poder «divorciarme» de él. Se los debo a mi entrenador. Me los prestó Nelson López. Otra vez. Otro precio alto por mi libertad, me digo.

Es 4 de abril de 2003 y el destino me enfrenta a Rafael Márquez por el título gallo de la FIB. Giran doce rondas agotadoras, Por decisión de los jueces sumo otra derrota en Los Ángeles.

Mauricio Pastrana se enfrentó dos veces con Rafael Márquez
Mauricio Pastrana enfrentó dos veces a Rafael Márquez en el ocaso de su carrera.//Cortesía.

Lo intento de nuevo contra Márquez, en pelea mandatoria, ahora en Las Vegas. Es 27 de noviembre de 2004 y el octavo asalto. Un nocaut técnico por lesión me derrumba.

Mi mente sigue en batalla. Aunque mis fuerzas empiezan a dudar, mi ilusión por volver a Colombia y recuperar a mi familia, sigue en pie.

Perdí, sí, pero esta vez gané lo suficiente. Cancelo aquella absurda deuda y tomo fuerzas para llamar a Maludys. Le digo:

—Quiero volver a Colombia para ver a mis hijos y que hagamos nuevamente una vida juntos. No me castigues más, por favor.

Ella, del otro lado del teléfono, acepta. Me quita la demanda. Con la plata que me queda, regreso. Salimos de la casa de su madre.

Maludys y yo armamos nuestro hogar. Disfrutamos juntos, rodeados de nuestros hijos. Concentrado en los entrenamientos, espero el llamado de mi apoderado.

López me consigue nuevos combates. Llegan a sumarse a mis cinco caídas. Y otra vez fallo. Ahora ante Alejandro Valdez.

El calendario señala: 10 de agosto de 2006. El filipino Diosdado Gabi me noquea en el primer asalto, en Las Vegas. La frustración crece.

No fue una pelea, fue un derrumbe. Mi tiempo en el ring se está acabando, la vida fuera del cuadrilátero me llama. ¿Qué me espera ahí? ¿Pelea sin guantes? Me niego.

REGRESO A LA GLORIA

El dios del boxeo aún no me abandona. Aún saboreo mi regreso a la victoria del 26 de enero de 2007 ante Oswaldo Cedeño, y ya estoy en un cuadrilátero de Illinois, frente a Antonio Escalante.

Entre murmullos escucho que soy el pasado y él, el futuro del boxeo mexicano. Me han traído como un «acabado», como «carne de cañón». Quieren que esta pelea sea mi tumba.

Octavo asalto. El árbitro inicia un conteo tras una caída sin golpe. El público abuchea, yo también estoy sorprendido. Le reclamo al hombre del corbatín. No me escucha. Termina de contar.

Una furia incontrolable me consume. Voy con todo. Lo mido, espero, suelto un gancho de derecha. Escalante va al piso.

La forma como cae, tambaleante, de cara a la lona, lo dice todo. Nadie lo imagina, en solo segundos, todo cambia. El árbitro no tiene opción: declara nocaut.

Salto de alegría. Me arrodillo, me cubro el rostro con los guantes. Las lágrimas me nublan la vista. Mi esquina me carga en hombros.

Celebro a rabiar. ¡Nelson está eufórico! La afición, enardecida, aún me comparan con Mike Tyson.

Como hace diez años contra Michael Carbajal, vuelvo a silenciar a los incrédulos. Me llevo el título supergallo de la NABO, avalado por la OMB.

Mauricio Pastrana y el famoso presentador de boxeo profesional Michael Buffer.
Mauricio y el famoso presentador de boxeo Michael Buffer.//Cortesía.

En Sincelejo, mi victoria 34 sigue en boca de todos. Me clasifica como retador del campeón supergallo de la AMB, el panameño Celestino Caballero.

Proponen una bolsa de 15 mil dólares. Mi apoderado exige el doble. Le digo que ya no puedo darme el lujo de rechazar peleas. Al final me da el aval.

Seis semanas para prepararme. Daniel Alvis, mi nuevo entrenador, dice que es poco. Aun así, acepta el desafío.

Llega el día. Alvis está en mi esquina. Caballero impone su estatura y alcance, me mantiene a distancia. Ataca sin tregua la zona media y los costados. Me va desgastando. Resisto, pero cada golpe me vacía por dentro.

El referí interviene. Me mira, analiza mi estado… Y detiene la pelea. Faltan dos minutos del octavo asalto. Decreta nocaut técnico.

Levanto los brazos, protesto. Ya es tarde. Caballero celebra y yo vuelvo a sentir ese vacío helado en el pecho. Otra vez, la derrota me atrapa con sus garras.

Sale la luna del 4 de junio de 2011. Nuevo México. Enfrento a Johnny Tapia. Cae en el sexto asalto, yo en el octavo y él se lleva la victoria.

Seis derrotas seguidas me ponen contra las cuerdas, me obligan a pensar en colgar los guantes. Fuera del ring no encuentro esquina.

La depresión me hunde. La ansiedad me inunda. La soledad me encierra en una cabina telefónica. Cada minuto es una fortuna. Apenas tengo para pagar. La lujuria me empuja.

La llamada matutina me incendia. Al otro lado, la voz de una mujer de fuego. Pierdo el control. Exploto. La policía me descubre. Me conducen por tener sexo telefónico en público. Nelson paga mi fianza. Quedo libre.

En la tarde todo se repite. Cabina telefónica. Sexo telefónico en público. Policía. Fianza.

Toco fondo. Traiciono la confianza de mi tutor. Y ni siquiera hay campana.

ASALTO FINAL

Huele a caucho quemado y aceite viejo. A agua de jabón. El ruido del compresor y las herramientas me taladra los oídos todo el día. Sobrevivo.

Gano unos dólares y propinas, montando y arreglando llantas. No es fácil. Es trabajo. La vida continúa sin piedad. Me voy a descansar.

La casa es un horno. El televisor suena con una telenovela mexicana. Estoy solo. La puerta se abre de golpe. Alguien la tira contra la pared. Es el boxeador de San Onofre. Roberto Ortega.

Compartimos techo con otros cinco colombianos. Tiene los ojos inyectados en sangre. Respira agitado. Dominado por la droga.

—¿Dónde está mi plata? —me grita.

Me levanto del catre, desconcertado.

—¿Cuál plata?

—¡No te hagas el pendejo!

Me empuja contra la pared. Apesta a alcohol y sudor rancio. Su aliento me golpea la cara como un puñetazo.

Suelta un derechazo. Lo esquivo. Me lanza otro. Retrocedo. Palpo a tientas. Busco debajo de mi colchón. Mis dedos rozan su mango frío. Lo agarro.

Vuelve a embestirme, mi mano ya aprieta el puñal. No pienso. Actúo.

La policía llega rápido. Me captura. Ocho meses preso. Tras rejas por lesiones personales. En la cárcel no dejo de entrenar. Paso preguntándome cómo terminé aquí.

Mauricio Pastrana tuvo uno de sus peores momentos cuando tuvo que ir a la cárcel
Mauricio pasó uno de sus peores momentos cuando estuvo en la cárcel.//Cortesía.

Salgo. Solo me recibe el aire de libertad. Un promotor me contacta. Me ofrece una pelea en Sinaloa, México. Mikey García es el rival.

Acepto el combate. La cartelera es el sábado primero de septiembre de 2012. En el segundo asalto beso la lona. Pierdo.

Me miro al espejo en el hotel: el ojo hinchado, los nudillos marcados. Sin cinturón de campeón. Aquellas veces ya son solo recuerdos.

Por primera vez, todo el dinero es mío: 10 mil dólares intactos. Voy de regreso a Colombia con mi dinero en la maleta, sin que pase por manos de apoderados.

El avión despega. Dejo a los Estados Unidos que se quede con mi carrera. En Colombia me espera la vida.

Un vacío me acompaña de regreso a Sincelejo. También una pregunta me atormenta: ¿Cómo sostendré a mi familia?

La vida me responde. Maludys tiene la idea: un negocio de pasteles de arroz con carne, cerdo y pollo.

Lo bautizamos El Verdadero Campeón, quizá porque, en el fondo, me aferro a seguir siéndolo, ahora más que nunca.

El negocio arranca con esfuerzo. Salgo a vender. Empujo la carreta por las calles, como cuando era niño. Ahora no son panes. Son pasteles. La pelea es otra. La necesidad sigue siendo la misma.

Mauricio Pastrana y su negocio de pasteles de arroz.
Mauricio Pastrana y Maludys Peralta en su negocio de pasteles de arroz.//Cortesía.

En la pared, un calendario de cartón señala el 3 de mayo de 2016. Regreso a casa después de un día de trabajo. El teléfono suena. Atiendo.

La noticia me deja grogui: Michael, mi hijo mayor, ha tenido un accidente. Dos palabras lo sentencian todo: estado vegetativo.

No hay entrenamiento que me prepare. No hay pelea más dura. No hay campana que detenga este castigo. Cada día es más difícil que el anterior.

Han pasado siete años.

La pelea de Michael termina. La tragedia se consuma.

Mi hijo, aquel niño que deslumbró a toda Colombia en los festivales de fútbol como goleador y que soñaba con ser futbolista profesional, se ha ido.

No sé cómo. A pesar del inmenso dolor, sigo en pie. El mundo avanza. Yo también debo caminar con él.

Mauricio Pastrana y su hijo Michael (QEPD).
Mauricio Pastrana y su hijo Michael (QEPD).//Cortesía.

Cumplo 52 años. Me declaran Gloria del Deporte Nacional. Empiezo a recibir un estímulo del Ministerio del Deporte. Por fin, las alegrías que le di a mi país en cada batalla tienen alguna forma de recompensa.

Pero mis mayores victorias no están en los títulos. Me quedo con otros triunfos: haber conocido a mis padres, descubrirme a mí mismo y encontrar a Maludys, la madre de mis cinco hijos.

Como todas las personas y la luna, yo también tengo mis lados claros y mis lados oscuros. No soy perfecto.

Aquí sigo.

Con cicatrices en el cuerpo y en la memoria.

Todavía defendiendo la única corona que nunca puedo abandonar: mi propia vida.

Hoy sigo entrando a un gimnasio. Ya no lo hago para conquistar títulos. Esas peleas quedaron atrás.

Ahora entro para enseñar.

Entre sacos, guantes y jóvenes que apenas comienzan, entrego lo que realmente la vida me dejó: mi experiencia.

Les enseño a boxear. Pero también les hablo de los golpes que no se reciben en un ring.

Tal vez esta sea ahora mi nueva manera de ganar.

Mauricio Pastrana vive con sus cuatro hijos y su esposa Maludys en Sincelejo
Mauricio Pastrana vive con sus cuatro hijos y su esposa Maludys en Sincelejo.//Cortesía.

Ha llegado al final de esta crónica

Esta obra periodística está compuesta por tres capítulos.

Mauricio Pastrana: Cuatro reinados sin pan

🥊 Capítulo I– El origen de una gloria 

🥊 Capítulo II – Vive el segundo asalto 

🥊 Capítulo III –(Capítulo actual)  

Deja tu Comentario

You Might Also Like

Video: Así acabó la pelea de Albeiro Paredes vs Yevgeniy Pavlov

Mónica Ramos renueva con Grêmio hasta 2028

Tragedia por caída de cable energizado

Albeiro Paredes encadenó tres derrotas

Esta noche Albeiro Paredes buscará el título Continental CMB

TAGGED:AMBBoxeadores colombianosboxeoboxeo profesionalCampeones mundialesDon KingFIBIBAIBOJorge LaciervaMauricio Pastrana
Share This Article
Facebook Twitter Email Print
Previous Article MAURICIO PASTRANA: Cuatro reinados sin pan (II)
Next Article Round 11: La oscuridad noquea a Míster Nocaut (I)

Síguenos en redes sociales

390kFollowersLike
28kFollowersFollow
102kFollowersFollow
48kSubscribersSubscribe

Últimas Noticias

Homicidio en Sincelejo: otro crimen sacude Sucre
Destacadas Judicial Sincelejo julio 26, 2026
Accidente vial en Sucre: patrullero muere en accidente
Judicial Recomendados Sucre julio 25, 2026
Prosperidad Social entrega ayuda a damnificados en Sucre
Recomendados Sucre julio 22, 2026
Accidente fatal en la vía Tolú-San Onofre
Judicial Sucre julio 21, 2026
Korraleja.coKorraleja.co
Follow US
© 2026 Korraleja.co - Todos los derechos reservados
  • Inicio
  • Quiénes Sómos
  • Noticias
  • Radio en vivo
  • Contactos
Welcome Back!

Sign in to your account

Lost your password?