Colombia necesita ciudadanos comprometidos con la democracia, pero muchos votan sin reflexionar.
MANUEL MEDRANO BARRAGÁN.
Por estos días me he dedicado a preguntarle a las personas que encuentro deambulando por las calles por quién piensan votar, y no deja de sorprenderme que muchas respondan, incluso pocos días antes de las elecciones, que todavía no saben qué decisión tomar. Lo más preocupante es que en esa situación se encuentran estudiantes universitarios, profesionales, comerciantes, trabajadores y campesinos.
Hoy más que nunca Colombia necesita ciudadanos comprometidos con la democracia, conscientes de que el voto es un derecho, pero también una responsabilidad. Elegir a quienes dirigirán el destino del país no debería ser un acto de improvisación ni de simple simpatía política.
Hay quienes descartan a un candidato únicamente porque no comparten sus afinidades ideológicas o porque rechazan a determinados líderes políticos, sin detenerse a analizar sus propuestas, su trayectoria o su capacidad para gobernar. Otros se dejan llevar por discursos apasionados o por campañas mediáticas sin profundizar en los programas de gobierno.
¿Será que seguimos votando por emociones y no por convicciones? ¿Será que preferimos las consignas a las propuestas? En el abanico de candidatos que participaron en esta contienda hubo perfiles con experiencia, formación y resultados en la administración pública, pero muchos quedaron relegados por el ruido de las encuestas y la polarización política.
Los colombianos debemos tomar conciencia de todo lo que está en juego en unas elecciones presidenciales. Un país que hace mucho tiempo debió convertirse en una nación desarrollada ha visto frenado su avance por decisiones equivocadas, liderazgos deficientes y una ciudadanía que en ocasiones ha votado más con el corazón que con la razón.
La polarización política tampoco contribuye al fortalecimiento de la democracia. Durante años, distintos sectores han convertido el debate público en una confrontación permanente, donde parece más importante destruir al adversario que construir soluciones para el país. Los medios de comunicación, los dirigentes políticos y los ciudadanos tienen la responsabilidad de elevar la calidad de la discusión nacional.
Ha llegado la hora de tomar decisiones responsables y de analizar con serenidad las propuestas de quienes aspiran a gobernar Colombia. No debemos votar por miedo, por rabia ni por fanatismo. Debemos hacerlo pensando en el futuro del país, en las nuevas generaciones y en la Colombia que queremos construir.
Las elecciones no son una competencia entre odios ni una batalla entre bandos irreconciliables. Son una oportunidad para escoger el rumbo de una nación que necesita más educación, más oportunidades y más ciudadanos comprometidos con el bienestar colectivo.
La democracia se fortalece cuando los ciudadanos se informan, reflexionan y participan con criterio. De lo contrario, seguiremos repitiendo los mismos errores y lamentando los mismos resultados.
