Rubén Blades, grande entre los grandes, anuncia su retiro de los escenarios a los 78 años.
POR MANUEL MEDRANO BARRAGÁN.
A sus 78 años, Rubén Blades anuncia su retiro de los escenarios, poniendo fin a una de las carreras más brillantes de la música latinoamericana. Se despide un gigante de la salsa, un artista que deja un legado inmenso no solo para los salseros, sino para todos los amantes de la buena música. Sus canciones, cargadas de contenido social, político y humano, trascendieron el entretenimiento para convertirse en verdaderas crónicas de América Latina.
Nació junto al Canal de Panamá, país del que siempre ha sido un orgulloso defensor. Abogado de profesión, graduado de la Universidad de Panamá, y con estudios de posgrado en la Universidad de Harvard, parecía destinado a ejercer el Derecho. Sin embargo, la música terminó imponiéndose como su verdadera vocación. En cada composición dejó una reflexión, una denuncia o una historia, como si hubiera nacido para poner a pensar a los pueblos latinoamericanos.
Viajó a Estados Unidos con el propósito de ingresar a la Fania Records, la casa discográfica que reunía a las máximas figuras de la salsa. En un comienzo solo le ofrecieron un puesto en el departamento de correo. Allí permaneció hasta que Ray Barretto descubrió que aquel joven que clasificaba correspondencia también era abogado y poseía un extraordinario talento para cantar y componer. No dudó en invitarlo a formar parte de su orquesta.
La historia cambió para siempre. Interpretaciones como Plantación adentro, del inolvidable Tite Curet Alonso, comenzaron a darle reconocimiento en toda América Latina. Poco tiempo después, tras la separación artística entre Héctor Lavoe y Willie Colón, Blades inició una de las alianzas musicales más importantes de la salsa al lado del trombonista neoyorquino.
Con Willie Colón grabó temas inmortales como Pedro Navaja, una de las canciones más emblemáticas de la música latinoamericana, que transformó la manera de contar historias dentro de la salsa. A partir de entonces recorrió el mundo con la Fania All-Stars, llevando un estilo distinto, inteligente y profundamente comprometido con la realidad social.
¿Quién no ha escuchado Amor y control, una de las obras más conmovedoras del cancionero latinoamericano? O clásicos como Decisiones, Buscando América, Plástico, Pablo Pueblo y Desapariciones, canciones que siguen vigentes porque hablan de la vida, de la injusticia, de la familia y de los sueños de nuestros pueblos.
Como Rubén Blades hay muy pocos. Para la música latina representa lo que Michael Jackson significó para la música popular en los Estados Unidos: un artista capaz de transformar un género y marcar a varias generaciones. Rubén Blades, grande entre los grandes, deja un vacío irreparable en la escena musical.
Su amistad con Gabriel García Márquez también habla de la dimensión de su obra. El Nobel colombiano admiraba profundamente la capacidad narrativa de Blades y reconocía el valor literario de muchas de sus composiciones, construidas como auténticos cuentos cantados.
Hoy anuncia su retiro el ganador de 14 premios Grammy, abogado, compositor, poeta, actor y uno de los más grandes cantautores que ha dado América Latina. Queda su obra, inmortal como los grandes clásicos.
A quienes deseen comprender la verdadera dimensión de su legado, solo puedo hacerles una invitación: escuchen Siembra, considerado por la crítica especializada como uno de los mejores álbumes en la historia de la salsa.
Esta ha sido apenas una breve reseña sobre un artista excepcional, un creador irrepetible, un hombre que convirtió la salsa en literatura y que, sin duda, seguirá siendo grande entre los grandes.
