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Senado aprueba Ley de Honores a Lisandro Meza

El Senado aprueba la Ley de Honores a Lisandro Meza, un reconocimiento histórico para el genio de la música sabanera.

MANUEL MEDRANO BARRAGÁN.

Cuando se trata de hablar de la música del territorio Caribe, existen figuras sobresalientes que es necesario resaltar.

Aníbal Velásquez, hombre polifacético, domina el acordeón de tal manera que escucharlo interpretar una guaracha, un pasebol, una ranchera o un paseaíto era ir más allá del éxtasis.

Otro fuera de serie es Alfredo Gutiérrez. Nacido en Palo Quemao, departamento de Sucre, desde su llegada al mundo su padre lo recibió con una canción de cuna interpretada en acordeón, como una premonición de la dimensión de su talento, que lo llevaría a la cumbre. Su grandeza quedó en evidencia cuando se coronó tres veces Rey del Festival de la Leyenda Vallenata. Sorprendió desde La Paloma Guarumera, cuando lo llamaron “El Jilguerito”, y dejó huella con su nota depurada en Matilde Lina, Corazón de Acero y en los temas que interpretó del compositor Rubén Darío Salcedo.

Lisandro Meza nació en El Piñal, paisano de Alfredo, ambos del municipio de Los Palmitos (Sucre). Vino al mundo en una finca, escuchando el murmullo de las aguas cantarinas de los arroyuelos y el canto de las guacharacas, el mochuelo, el bajero y el picogordo: una verdadera orquesta natural que enriqueció su oído antes de aprender a digitar el acordeón, instrumento que lo atraía y que, como la mayoría de los juglares, aprendió de manera autodidacta.

Empezó a tocar, a cantar y luego a componer. Cuando grabó el saludo: “Desde que te fuiste Rafa para Santa Marta, aquí no se escucha ni música ni letra”, comenzó a ser respetado y admirado.

También está Calixto Ochoa, nacido en el Valle, pero quien en una de sus correrías se quedó en Sincelejo, donde la influencia sabanera marcó su inspiración, evidente en Playas Marinas, Los Sabanales y en todo su amplio repertorio. Se convirtió en un genio de la composición. A Sincelejo llegaban Jorge Oñate y Diomedes Díaz en busca de sus canciones para grabar sus nuevos álbumes.

Alfredo, Calixto y Lisandro fueron figuras claves de Los Corraleros de Majagual, creando una fuerte corriente armónica sabanera que marcó límites con la música de Francisco el Hombre.

A Lisandro Meza le negaron la corona, y eso aumentó su grandeza. Prometió que no grabaría más vallenato, y lo cumplió. Grabó Entre Rejas, éxito a nivel nacional, y se posicionó como gran estrella en Cali, la capital de la salsa. Conquistó territorios donde el vallenato no tenía mayor presencia, como Perú y Ecuador. Luego fue aplaudido en México con sus cumbias, junto a Andrés Landero, tomando el mercado del país de los charros.

Aníbal Velásquez, Alfredo Gutiérrez, Lisandro Meza y Calixto Ochoa: cuatro grandes entre los grandes.

La Fundación Fusagrama está organizando un gran homenaje al maestro Lisandro en el mes de marzo, en Los Palmitos. Con el apoyo del Senado de la República de Colombia se aprobará la Ley de Honores a Lisandro Meza; se creará la Escuela de Música Lisandro Meza y el Plan de Salvaguarda de toda su obra.

Un reconocimiento justo para un artista que llevó la música sabanera y caribeña a escenarios nacionales e internacionales, dejando una huella imborrable en la historia cultural de Colombia.

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