Las regalías y corrupción dividieron para siempre a Tolú y Coveñas, dos pueblos que el petróleo convirtió en víctimas de la ambición y el desvío de recursos.
MANUEL MEDRANO BARRAGÁN.
Tolú y Coveñas, dos pueblos hermanos en el Golfo de Morrosquillo. El primero es municipio y Coveñas fue su corregimiento más destacado, pero el petróleo y la corrupción los separaron para siempre.
El oleoducto Caño Limón–Coveñas, inaugurado en 1986 y operado por Ecopetrol (desde 2011), es una infraestructura clave de 774 kilómetros que conecta el campo petrolero en Arauca con el puerto de Coveñas, en Sucre. Diseñado para transportar unos 200 mil barriles diarios, ha sido fundamental para la economía colombiana. Tolú, como cabecera municipal, recibía las regalías directas; Coveñas, como corregimiento, apenas recibía las migajas de la corrupción que se desató en la administración municipal de Tolú. En muchas ocasiones el dinero se retiraba del banco y se empacaba en grandes bolsas de papel.
Las obras no se notaban por ninguna parte, por lo que los habitantes decidieron separarse y convertirse en municipio, conformando un comité encargado de nombrar una comisión que dialogara con el gobernador del departamento de Sucre.
Cuando lograron su objetivo, el gobernador nombró un alcalde encargado, Aníbal García, quien permaneció en el cargo hasta la elección oficial del primer alcalde. Para sorpresa de toludeños y coveñeros, la corrupción continuó aún más desatada. Los cinco primeros alcaldes del nuevo municipio terminaron en la cárcel.
¿Cómo detener ese monstruo gigante de la corrupción? No valían Contraloría ni Procuraduría que pudieran frenar ese desangre, hasta que un día el presidente Juan Manuel Santos intervino el asunto y nacionalizó las regalías, que habían dejado como saldo dos alcaldes asesinados, un médico, un concejal y otro concejal secuestrado.
Entonces el Gobierno nacional creó el Órganos Colegiados de Administración y Decisión (OCAD), donde los alcaldes deben presentar sus proyectos de desarrollo para ser discutidos y aprobados.
Los departamentos que salieron más favorecidos fueron Antioquia y el Valle del Cauca, territorios que tenían sus bancos de proyectos bien estructurados y con buena asesoría técnica.
Esta narrativa busca despertar a los toludeños. Si en el pasado desaprovecharon la oportunidad de cambiarle la cara al puerto, hoy deben tomar la decisión de elegir buenos alcaldes que sepan aprovechar sus propias regalías. El atraso de Tolú es histórico y el pueblo ha renunciado, por años, a una mejor calidad de vida. Los jóvenes deberían enfrentar a los pocos caciques que aún sobreviven, no vendiéndoles el voto.
Pobre Tolú. ¿Hasta cuándo?

