El futuro de Colombia está en juego el 31 de mayo, y la decisión es crucial para el país.
MANUEL MEDRANO BARRAGÁN
Este lunes publiqué un texto titulado “Por la Colombia que nos merecemos: ¿Cepeda o Paloma?”. A raíz de ese escrito, muchos lectores me han preguntado por qué no tengo en cuenta al doctor Abelardo de la Espriella para una eventual primera vuelta presidencial.
Colombia tiene que aprender a elegir a sus gobernantes sin vender el voto. Los candidatos deben entender que, para que el país avance, se necesita un liderazgo diáfano, con suficiente preparación intelectual y política para dirigir los destinos de la nación.
El abogado De la Espriella vivía fuera del país y, de pronto, aparece con aspiraciones presidenciales sin contar con un capital humano sólido que lo conozca, lo respete y, además, lo admire.
El doctor Abelardo de la Espriella se presenta a la candidatura presidencial con las manos vacías: sin una visión clara del país que queremos, sin un discurso sólido y sin propuestas estructuradas. Basta con escucharlo hablar para percibir que no tiene la mínima idea de lo que significa gobernar una nación como Colombia.
Cuando el país conozca con detalle su propuesta de gobierno y su plan de desarrollo, seguramente muchos quedarán decepcionados. El futuro de Colombia está en juego, y no podemos arriesgarnos con candidaturas improvisadas.
Basta imaginar, además, la conformación de su eventual gabinete ministerial. Vale recordar que el presidente Gustavo Petro, cuando se posesionó, no tenía completamente definido el equipo que lo acompañaría en su gobierno, e incluso mantuvo a algunos ministros que venían del gobierno del expresidente Iván Duque.
No alcanzo a imaginar al doctor De la Espriella investido como presidente enfrentando un debate de control político en el Congreso de la República.
Definitivamente, los colombianos tenemos que aprender a votar para seleccionar al mejor de los candidatos presidenciales y llevarlo al Palacio presidencial.
Un presidente como el doctor De la Espriella haría retroceder al país. Por eso, y por mucho más, no deberíamos votar por él. A sus seguidores, con todo respeto, los invito a reconsiderar sus inclinaciones políticas, porque el futuro de Colombia está en juego y lo que está en juego es el futuro de nuestra patria.
