La Iglesia Católica necesita perdón y reflexión espiritual según esta nota editorial.
MANUEL MEDRANO BARRAGÁN.
Hace mucho tiempo no entraba a un templo católico. Ayer bautizaron a mi nieto Jeremías y fui a acompañar a sus padres. Debo confesar que la ceremonia me dejó muchas reflexiones y confirmó algunas de las inquietudes espirituales que he tenido durante años.
Tal vez por eso entiendo por qué muchas personas han abandonado la Iglesia Católica y han buscado otros caminos de fe. A mi juicio, la Iglesia da la impresión de haberse quedado anclada en el pasado, aferrada a tradiciones que considera normas de fe y manteniendo prácticas que para muchos creyentes no tienen sustento suficiente en las Escrituras.
Continúa bautizando a los niños, habla de María como intercesora y conserva la confesión ante el sacerdote. Además, sostiene que fue fundada por Jesucristo y que existe una sucesión apostólica que se remonta a Pedro, considerado por la tradición católica como el primer Papa.
Desde mi perspectiva, la fe debe estar fundamentada exclusivamente en la Palabra de Dios y no en tradiciones humanas. Creo en un Dios celoso, que no comparte su gloria con nadie y que es Rey de Reyes y Señor de Señores.
María tuvo un papel extraordinario al ser la madre de Jesús de Nazaret. Sin embargo, considero que su misión culminó con su vida terrenal y que el único intermediario entre Dios y los hombres es Jesucristo, tal como lo expresan las Escrituras.
La Asunción de María es un dogma de fe de la Iglesia Católica, pero para quienes interpretamos la Biblia de otra manera, los dogmas no tienen la misma autoridad que la Palabra de Dios. Un dogma es una verdad aceptada por una comunidad religiosa, pero no necesariamente una verdad revelada para todos los creyentes.
También se afirma que Pedro fue el primer Papa y que el Vaticano representa la continuidad de la Iglesia primitiva. Sin embargo, muchos cristianos consideran que estas instituciones son construcciones humanas que, a lo largo de la historia, se han alejado del mensaje sencillo y transformador de Jesús.
No se puede negar que la Iglesia Católica ha vivido momentos de grandeza espiritual, pero también ha estado marcada por escándalos, abusos y episodios de corrupción que han debilitado su autoridad moral ante millones de personas.
Que Dios Todopoderoso y su hijo Jesucristo nos ayuden a encontrar el verdadero camino de la fe.
El compositor y cantante Ricardo Arjona, en una de sus canciones dedicadas a Jesús, expresa que no asiste a ninguna iglesia porque habla directamente con el Creador. Esa frase resume, en cierta forma, el sentir de muchas personas que hoy buscan una espiritualidad más íntima y menos institucional.
La Iglesia Católica, como todas las instituciones humanas, necesita revisarse, escuchar las críticas y reconocer sus errores. Solo así podrá reconciliarse con quienes se alejaron y responder a los desafíos espirituales del mundo moderno.
Y aunque algunos crean en el purgatorio y otros no, lo verdaderamente importante sigue siendo vivir una fe auténtica, basada en el amor, la misericordia y la búsqueda sincera de Dios.
