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Mayerlis Angarita reclamó la curul de paz desde San Onofre

Mayerlis Angarita continúa abrazando los territorios y esta vez reclamó la curul de paz desde San Onofre..

ÁNGEL MIGUEL PÉREZ MARTÍNEZ.

En la zona rural del municipio de San Onofre, Mayerlis Angarita reclamó la curul de paz con un mensaje claro: esta no es una credencial ordinaria.

En los polvorientos caminos de María La Baja, El Playón, Aguas Negras, Aguacate y Palo Alto (San Onofre), las comunidades se reúnen para sanar, recordar y proyectar un futuro distinto.

Aquí, la memoria se convierte en fuerza colectiva, y la esperanza, en acción. Mayerlis no solo recorre territorios; abraza las voces que resistieron en silencio durante décadas.

Una credencial que debe hablar de reparación

«Después de 4 años con 16 credenciales que debían representar a las víctimas, se han comportado como una credencial ordinaria», denuncia Angarita.

Su postura es firme: la curul de paz no es un escaño más. Fue creada como una medida de reparación simbólica para las 9 millones de víctimas del conflicto.

«Hoy, esa credencial nos revictimiza porque no lleva nuestras necesidades: el dolor de los desaparecidos, las viudas sin vivienda, los jóvenes sin educación, las carreteras destapadas», afirma con contundencia.

La verdadera paz se construye desde el territorio

Para Mayerlis, la paz no se decreta desde Bogotá; se construye en los territorios.

«Aquí es donde se necesita la verdadera política», insiste.

Su campaña no promete discursos vacíos, sino acciones concretas para garantizar justicia, verdad y reparación integral.

«No hablamos de promesas, hablamos de derechos: el derecho a reconstruir nuestras vidas con dignidad», explica mientras recorre veredas y corregimientos, escuchando a quienes han sido invisibilizados.

Mujeres poderosas tejiendo futuro

Angarita no está sola. Más de mil mujeres en los Montes de María trabajan cada día, tocando puertas y corazones.

«Somos mujeres poderosas que no nos conformamos con una flor el 8 de marzo», declara.

Ese día —histórico y simbólico de resiliencia femenina— buscan marcar un hito: recuperar la curul de paz para que las víctimas tengan una voz real en el Congreso.

«El 8 de marzo no nos conformemos con una flor. Salgamos a marcar el 501 y la flor fucsia en el tarjetón de las curules especiales de paz», invita con determinación.

Un llamado a la acción colectiva

Mayerlis Angarita no pide el voto; exige justicia. Su campaña es un reflejo de lo que significa reclamar la curul de paz desde la legitimidad del dolor y la resistencia.

«Esta credencial debe hablar de nosotras, de nuestras pérdidas, de nuestras luchas. Porque la paz no es solo silencio de fusiles: es dignidad, es reparación, es futuro», concluye.

En cada rincón de los Montes de María, su mensaje resuena: el 8 de marzo no es solo una fecha, es la oportunidad de escribir una nueva historia.

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