La elección presidencial en Colombia no es solo un acto democrático, sino una oportunidad histórica para transformar el destino del país y romper con el clientelismo y la corrupción.
MANUEL MEDRANO BARRAGÁN.
Estamos a pocos días de elegir presidente de Colombia. Gran responsabilidad para quienes tenemos una visión de país más allá de los partidos tradicionales y el fanatismo histórico que ha convertido a la política en un acto irracional.
Si estamos en el gran país que somos, aún no nos hemos apropiado de las potencialidades que le son inherentes. Llegó la hora de cambiar de mentalidad y asumir el rol del gran ciudadano, no dejando la nación bajo el yugo de los políticos que se han apropiado de nuestra propia suerte como país.
En la lucha por llegar al poder han ensangrentado el territorio cuando han surgido líderes preclaros con una narrativa que pretende desmontar el clientelismo y la corrupción. A Jorge Eliécer Gaitán y Luis Carlos Galán los asesinaron quienes han tenido el país estancado, siempre pensando en sus propios intereses. Menosprecian el capital humano manteniéndolo al margen de las verdaderas actividades democráticas.
No es posible que en la Colombia del siglo XXI sigan existiendo los caciques y quienes se adueñan de los pueblos porque tienen mayor poder económico. Empresarios que les dicen a sus subalternos por quién deben votar o, de lo contrario, serán expulsados de sus cargos.
En las elecciones más recientes para elegir el Congreso hubo de todo: mucho dinero y burocracia, y pocos discursos. Se votó por los favores, no por un Congreso que se hubiera comprometido a aprobar las reformas que requiere el país para avanzar hacia la Colombia que debemos construir y no malgastar la plata.
¿Qué hace el gerente de Ecopetrol para ganarse 120 millones de pesos mensuales? Muchos supersueldos para empleados públicos y la corrupción tradicional invisibilizan los cordones de miseria que rodean a ciudades como Barranquilla, en plena era del Clan de los Char.
Nayib Bukele, presidente de la República de El Salvador, dijo que el dinero alcanza cuando no se lo roban. Lo ha demostrado transformando su país: metió a la cárcel a los delincuentes —los famosos Maras— y puso en cintura a los políticos corruptos.
Nada debe impedir que los colombianos elijamos un buen presidente. Tenemos que pensar en grande.

