Colombia necesita mejores presidentes para superar su estancamiento histórico.
MANUEL MEDRANO BARRAGÁN.
Caracol Radio abrió sus líneas telefónicas a los oyentes para que calificaran la gestión del presidente Abelardo de la Espriella y se encontró con una sorpresa poco grata: la audiencia comenzó a cuestionar el tratamiento que algunos medios le dieron al expresidente Gustavo Petro, por ser un hombre de izquierda, mientras percibía mayor complacencia frente al primer mes del nuevo gobierno.
El periodista Julio Sánchez Cristo, gracias a su experiencia, se mantuvo sereno frente a las llamadas. El primero en comunicarse fue un escobita, uno de esos hombres que todos los días barren las calles, quien cuestionó lo que consideraba una falta de ética periodística: según él, al pasado presidente se le ignoraba o se le atacaba permanentemente, mientras ahora algunos medios parecían estar demasiado complacientes con Abelardo de la Espriella.
Por fin parece que la gente está reaccionando y comenzando a cumplir su papel como ciudadanos, dispuestos a cuestionar los vicios tradicionales de una clase política que durante décadas ha manejado los destinos del país. Gustavo Petro llegó al poder, precisamente, aprovechando la división de los partidos tradicionales y el cansancio de buena parte de la ciudadanía con la política de siempre.
Sería bueno hacer un análisis retrospectivo para preguntarnos quién ha sido realmente el mejor presidente de Colombia hasta ahora.
El primer gobierno de Álvaro Uribe Vélez puede reconocerse por sus resultados en materia de seguridad. Durante ese periodo, la guerrilla de las FARC sufrió importantes golpes militares y perdió a varios de sus principales comandantes, entre ellos Raúl Reyes, Ricardo Palmera y el Mono Jojoy.
Pero su segundo periodo dejó otra historia. Las controversias políticas y los escándalos de corrupción marcaron buena parte de esos años. La llamada Yidispolítica, las investigaciones relacionadas con la reelección y el caso de Odebrecht, entre otros episodios, terminaron afectando profundamente la imagen de su gobierno. Varios funcionarios y exfuncionarios de su administración enfrentaron procesos judiciales, entre ellos Sabas Pretelt y Andrés Felipe Arias.
Después, Uribe se transformó en uno de los grandes caciques de la política colombiana y ayudó a elegir a Juan Manuel Santos, quien tuvo un gobierno con luces y sombras. Santos consiguió reelegirse, pero su segundo periodo dejó en muchos colombianos la sensación de un gobierno distante de las expectativas de buena parte del país.
Luego llegó Iván Duque Márquez, cuyo gobierno tampoco logró dejar una huella que concitara un amplio reconocimiento nacional.
El expresidente Álvaro Uribe, aunque continúa enfrentando asuntos judiciales y controversias políticas, sigue activo en la vida pública colombiana y, por ahora, no parece dispuesto a retirarse a los cuarteles de invierno.
También habría que recordar al hombre del Caguán, Andrés Pastrana, cuyo gobierno quedó marcado por el fracaso del proceso de paz con las FARC y por una sensación de frustración nacional que todavía muchos recuerdan. Y podríamos mencionar a otros presidentes que, para muchos colombianos, pasaron por la Casa de Nariño sin dejar grandes transformaciones: Julio César Turbay Ayala y Virgilio Barco Vargas, entre otros.
Colombia necesita mejores presidentes. Hombres y mujeres capaces de liderar un proceso que permita sacar al país del lugar en el que se encuentra estancado y enfrentar problemas que llevan décadas sin solución.
No se trata simplemente de ser de izquierda o de derecha. Se trata de gobernar bien. De tener instituciones fuertes, combatir la corrupción, reducir la pobreza, generar oportunidades y entender que el poder no pertenece al presidente de turno, sino a los ciudadanos.
Colombia tiene que aprender de su propia historia y elegir mejor. Porque si no somos capaces de hacerlo, podemos terminar repitiendo los errores de otros países de la región.
Argentina, con Javier Milei, nos muestra que cuando una sociedad llega al límite de su cansancio puede terminar apostándole a opciones políticas que rompen completamente con el establecimiento tradicional.
La pregunta, entonces, no debería ser solamente quién será el próximo presidente.
La pregunta es: ¿qué clase de presidente necesita Colombia?
Porque este país no necesita más mesías. Necesita buenos gobernantes.
