El boxeador de Plato Camilo García perdió el conocimiento en su esquina después de reclamar un golpe en la nuca.
Camilo García terminó el asalto y regresó a su esquina. Segundos antes había reclamado al árbitro por un golpe recibido en la parte posterior de la cabeza. Sentado, mientras recibía atención, perdió el conocimiento.
El boxeador de Plato, Magdalena, competía en los 60 kilogramos durante una velada realizada en el barrio Pablo Sexto de Sincelejo, organizada por los hermanos “Cunta” Laguna y su sobrino Lenin Londoño Laguna.
El evento hacía parte de la celebración del aniversario del sector. El episodio obligó a suspender la velada y abrió interrogantes sobre su estado de salud.
La noche ya había tenido un episodio particular. En un asalto anterior, a García se le desprendió el cabezote protector. Después de colocárselo nuevamente, continuó el combate.
Más adelante llegó el golpe que el pugilista consideró ilegal. García lo manifestó al «juez» y terminó el round. Al regresar a su esquina comenzó a sentirse mal y finalmente se desvaneció mientras era atendido.
Su rival, Keiner Mendoza, de 19 años de edad y fuerte pegada, se acercó incluso para abanicarlo con una toalla, como se puede observar en el video.
García es atendido
La velada contaba con un paramédico. García recibió los primeros auxilios y, ante la ausencia de una ambulancia disponible, Javier Acuña facilitó su vehículo para llevarlo al Hospital Universitario de Sincelejo.
Posteriormente fue trasladado a un centro asistencial de mayor complejidad, donde le practicaron un TAC. La información conocida inicialmente indicó resultados favorables.
Al cierre de esta edición, el boxeador permanecía internado mientras su esquina esperaba su evolución. Pero después apareció un dato que cambia la dimensión de lo ocurrido.
Personas cercanas al caso señalaron que García había presentado episodios de convulsiones en dos combates anteriores. Uno de ellos en Cartagena.
Esa información deberá ser establecida y contextualizada con su historia clínica y con la valoración de los profesionales que lo atienden.
Por ahora, tampoco puede afirmarse que el golpe en la nuca haya provocado el desmayo ni relacionar los episodios anteriores con el boxeo. Esas son conclusiones médicas, no periodísticas.
Lo que sí ocurrió está claro: un boxeador reclamó un golpe en la cabeza, terminó el asalto, se desvaneció en su esquina y tuvo que ser trasladado a un hospital.
La pelea terminó. La preocupación, en cambio, está ahora fuera del cuadrilátero.
