Tolú celebra 491 años de historia, pero enfrenta desafíos que frenan su desarrollo.
MANUEL MEDRANO BARRAGÁN.
Tolú celebró 491 años de historia. Es uno de los municipios más antiguos de Colombia y quienes nacimos allí guardamos en la memoria los mejores recuerdos de nuestra infancia y adolescencia, recorriendo sus calles de arena blanca y disfrutando de la brisa del Golfo de Morrosquillo.
Muchos estudiamos en la escuela del maestro Ismael Contreras, quien nos hacía marchar en fila, con uniforme caqui, como si fuéramos pequeños soldados. ¡Qué tiempos aquellos! Eran días en los que el sentido de pertenencia por el pueblo parecía mucho más fuerte que ahora.
El Tolú de hoy, sin embargo, ya no me atrae. Da la impresión de que prefiere el pan y circo de los romanos antes que afrontar los problemas que frenan su desarrollo. No es posible que se destinen importantes recursos a las fiestas patronales mientras la pobreza sigue siendo una realidad visible para todos. Tolú parece un municipio sin rumbo. Y entonces surge una pregunta inevitable: ¿quién manda realmente en Tolú?
Hace falta una verdadera visión de futuro. Se necesita fortalecer la formulación de proyectos que permitan aprovechar las regalías y gestionar recursos para impulsar el desarrollo. También es indispensable promover procesos de capacitación y formación ciudadana que despierten el interés colectivo por el destino del municipio. Un pueblo con tanta historia no puede renunciar a convertirse en una ciudad moderna y competitiva. Tiene un mar privilegiado, una ubicación estratégica en el Golfo de Morrosquillo y un enorme potencial turístico que aún no ha sabido aprovechar plenamente.
El visitante llega a Tolú, recorre sus principales calles y, casi de inmediato, continúa su viaje hacia Coveñas. La pregunta es inevitable: ¿qué tiene Coveñas que Tolú no tenga? ¿Será simplemente una cuestión de liderazgo y de visión administrativa? Si los toludeños no reaccionan, todavía están a tiempo. Es momento de reclamar, de proponer, de exigir y de participar.
Tampoco estaría de más que el Concejo Municipal impulsara un verdadero programa de cultura ciudadana. Ese cuerpo colegiado debería ejercer un control político serio y convertirse en un escenario donde se discutan las grandes soluciones que el municipio necesita, y no limitarse a cumplir un papel secundario.
¿Acaso Tolú ya no tiene líderes? ¿O existe un solo cacique político que piensa únicamente en sus propios intereses y en los de su círculo más cercano? Ninguna comunidad puede construir su futuro dependiendo de una sola voluntad. Esa realidad debe cambiar antes de que sea demasiado tarde.
Añoro el Tolú de otros tiempos, cuando sus alcaldes eran recordados por su honorabilidad y el servicio a la comunidad estaba por encima de cualquier interés particular. Eran épocas distintas, pero también existía un mayor compromiso con el destino del municipio.
Pobre Tolú. Un pueblo con tanta historia, tanta belleza natural y tanto potencial merece mucho más. Ver cómo permanece estancado produce tristeza. Y, en ocasiones, dan ganas de llorar.
