La crisis de la radio en Colombia marca un punto de inflexión para medios históricos como Caracol y RCN, que pierden relevancia frente a la transformación digital.
MANUEL MEDRANO BARRAGÁN.
La crisis de la radio en Colombia venía anunciándose desde hace tiempo. Empezó a sentirse con fuerza cuando RCN comenzó a apagar emisoras y a devolver frecuencias que durante décadas había explotado. Mientras tanto, un silencio incómodo rondaba a Caracol Radio.
Caracol fue, durante muchos años, la empresa que reunió las mejores voces del país. Alardeaba —con razón— de una programación sólida y de transmisiones internacionales inolvidables: campeonatos mundiales de fútbol, el Giro de Italia, competencias nacionales e internacionales. Era una delicia escuchar la Vuelta a Colombia en bicicleta con figuras como Cochise Rodríguez, Javier Suárez, Lucho Herrera y tantos otros que trascendieron el ámbito nacional y llevaron el deporte colombiano al mundo.
Pero el año 2026 llegó cargado de sorpresas poco alentadoras. RCN apagó más de 16 estaciones radiales sin ofrecer explicaciones claras a su audiencia. Caracol, por su parte, despidió a cerca de 40 periodistas, algunos de ellos ganadores de premios internacionales.
Hoy Caracol se transforma y, en ese proceso, desaparece W Radio para retornar a lo que fue el origen: un Caracol “básico”, por donde pasaron grandes figuras de la radio colombiana como Juan Gossaín, Gustavo Niño Mendoza, Judith Sarmiento y narradores de alto turmequé como Edgar Perea, Napoleón Perea, entre muchos otros referentes del periodismo y la radiodifusión.
Desde que Caracol cayó en manos del Grupo Prisa, siempre me generó dudas. Con espíritu crítico he venido observando una decadencia progresiva que hoy resulta evidente. La desaparición de programas emblemáticos como El Pulso del Fútbol con el maestro Hernán Peláez e Iván Mejía, La Luciérnaga en sus mejores épocas con Hernán Peláez, Guillermo Díaz Salamanca, Gustavo Álvarez Gardeazábal y Edgar Artunduaga, marca el fin de una era que parecía intocable.
La pregunta es inevitable: ¿de dónde sacará esta empresa radial los contenidos de calidad que durante décadas la convirtieron en referente?
Caracol está obligada a construir un nuevo elenco, apostando por la nueva generación de oyentes y comunicadores, pero sin renunciar a los principios fundamentales del buen periodismo: la verdad, la ética y la responsabilidad con la audiencia.
Debe entender, además, que este país ha cambiado. Colombia abrió los ojos y los oídos. Ya no consume información de manera pasiva.
Los medios alternativos y las redes sociales, en los últimos años, le ganaron el pulso a Caracol y a RCN. Si no se reinventan de fondo, desaparecerán. RCN, en particular, es una cadena radial que viene desdibujándose desde la salida de don Juan Gossaín.
La radio colombiana enfrenta hoy su mayor desafío: volver a ser creíble, relevante y cercana, o resignarse a convertirse en un eco del pasado.


