Las caras nuevas en la política inundan vallas y afiches, pero ¿realmente representan un cambio o solo buscan perpetuar los errores del pasado?
MANUEL MEDRANO BARRAGÁN.
Llega el tiempo de la política. La publicidad en los automóviles y las vallas muestra rostros desconocidos y, en mi mente, se agolpan muchas preguntas: ¿quiénes son?, ¿qué buscan?, ¿qué quieren de nosotros? La respuesta es simple: quieren nuestros votos, esos votos que resultan definitivos para llegar a la Cámara, al Senado y, en el caso de los departamentos y municipios, a las asambleas y concejos.
El departamento de Sucre tuvo una clase política arraigada y apasionada. Los Guerra Tulena y los Guerra de la Espriella marcaron una época, de donde surgió un gran orador y buen parlamentario: Julio César Guerra Tulena. Surgió también El Moral, cuyo líder fue el doctor Gustavo Dajer Chadid. El representante a la Cámara Álvaro García Romero renunció a El Moral y conformó La Nueva Fuerza Liberal, mientras que el movimiento conservador fue liderado por el doctor Carlos Martínez Simahan.
Tristemente, estos movimientos políticos tenían sus propios periodistas para avivar controversias radiales y, en lugar de unirse, se dedicaban a criticarse entre sí. En las emisoras de los Guerra, como Radio Costanera, solo hablaban los líderes de ese movimiento; mientras que en Radio Chacurí participaban los del Moral, usando los micrófonos para atacarse unos a otros.
El paso del tiempo no perdona. Hoy, esos nombres han quedado en el olvido, sin dejar un legado real para el departamento de Sucre. Nunca pensaron en el territorio; solo pensaron en ellos mismos.
Los movimientos se acabaron sin dejar relevo generacional y Sucre se quedó sin líderes capaces de tener relaciones sólidas con el alto gobierno. El departamento seguirá igual si los rostros desconocidos que hoy vemos en afiches y vallas llegan al Congreso a resolver sus propios problemas y no los de las comunidades.
Hay que hacer un alto en el camino a la hora de votar. De nosotros depende el futuro de nuestros pueblos. No venda su voto. Pronto llegarán a comprárselo.
Las caras nuevas en la política han hecho poco por las comunidades y creen que con dinero pueden comprar conciencias. Recuerde: de los políticos, pero sobre todo de nosotros como ciudadanos, depende la transformación de nuestros pueblos y ciudades.
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